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  • Foto del escritorAlicia Sanchez

COMPROMISO SOCIAL SOLIDARIO

Actualizado: 22 jun 2022

En Noviembre de 2017 mi padre, Ángel Sánchez (62 años en la actualidad), tuvo un accidente durante el entrenamiento con su equipo de ciclismo. Sufrió un derrame cerebral que dejó como secuelas una hemiplejia derecha y afasia motora. Desde entonces su pasión por la bicicleta quedó convertida en un sueño pasado que parece imposible recuperar.


Casos similares ocurren a diario en nuestra sociedad.


¿Qué pasa después? ¿Cómo sigue la vida para esa persona y sus familias? ¿Hay que volver a intentarlo, volver a montarse en una bicicleta y salir a la calle? ¿Hay que aceptarlo y simplemente aceptarlo? Miles de preguntas al tiempo nos vienen y nos persiguen, al menos así me pasó a mí.


Mis padres se criaron en Bolaños de Calatrava, un pueblo de la provincia de Ciudad Real. Como muchos pueblos de perdidos en el interior de España, los accesos a un centro rehabilitación adecuados a este tipo de accidentes son muy limitados, a cientos de kilómetros, en muchas ocasiones inexistentes. Como podéis imaginar todo esto desgasta muchísimo a nivel emocional, físico y mental... y no solo hablo de la persona afectada sino también de sus cuidadores. Largos desplazamientos en coche, disponibilidad y organización de horarios de la persona cuidadora, llega a ser agotador. Sin hablar de la capacidad financiera y la falta de ayudas útiles para las familias afectadas. En ocasiones has se pierde la motivación, las ganas, la energía. No tener acceso a estos recursos no ayuda al empoderamiento personal ni a las ganas de volver a empezar de nuevo.


Una bicicleta adaptada, especializada para volver a dar independencia y autonomía a una persona, que ante un accidente se ha quedado exenta de ella, ayuda a: empoderar, dar ilusión, ganas de mejorar y esperanza de lograrlo. Ver que otra etapa comienza, el propósito de algo conocido y nuevo a la vez que te impulsa seguir luchando por la vida.


Mi padre debido a su afasia no puede comunicarse con fluidez, llegando en muchos momentos a su frustración por querer expresar algo cotidiano y no llegar a conseguirlo. El poder volver a salir en bicicleta, compartir rutas con sus amigos y familia es una expresión a través del deporte que estoy segura reforzará su vitalidad y motivación para relacionarse.


Ayudemos a visibilizar este proyecto y así darle voz. Al igual que el caso de mi padre hay muchas personas en esta situación. Apoyando el proyecto demostraremos que sí se puede, ayudaremos a la divulgación y sensibilización social, probaremos que hay soluciones, opciones y alternativas para la recuperación física y una mejora social.


Fomentemos la inclusión social de personas con discapacidad a través del deporte, la libertad, la independencia y ayudemos a descubrir, tanto a ellos como a las familias, su potencial social, psicológico y deportivo.


¡Juntos se puede! Por muy idílico que parezca, así es.

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